Cuando estalla un conflicto internacional de gran escala, como el que enfrenta en estos días a EE. UU., Israel e Irán, la economía global reacciona con una sensibilidad extrema. Los mercados no esperan a que los acontecimientos se estabilicen: se adelantan, especulan, se protegen.
En redes sociales, la economía se ha convertido en un tema cotidiano, emocional y profundamente transversal. Ya no es un asunto reservado a expertos: hoy forma parte de la conversación diaria, mezclándose con política, consumo, cultura digital y hasta entretenimiento. Los estudios recientes sobre social listening muestran que los usuarios no solo comentan cifras, sino que expresan preocupaciones, frustraciones y expectativas que revelan el pulso económico del país.
La conversación pública sobre la inteligencia artificial suele oscilar entre el entusiasmo por la innovación que supone y el temor a la destrucción de empleo. Sin embargo, en los últimos meses, este debate ha dejado de ser teórico: los despidos masivos en grandes tecnológicas como Amazon, Microsoft o Meta han puesto cifras reales a una tendencia que ya no puede ignorarse.
Como cada año, las doce campanadas y las uvas nos invitan, además, a realizar un proceso de prospección interna para hacer balance del año y plantear nuevos propósitos para el año que comienza. Muchos son los propósitos que nos planteamos cada año y que, lamentablemente, en febrero ya habremos olvidado.
“Comprarme una casa, comprarme un coche, comprar…” Antes del sorteo de Navidad, la imaginación de la ciudadanía se dispara y el listado de las compras es tan extenso como el listado posible premiados. En los reportajes habituales de estas fechas, los viandantes responden al periodista con esos sueños que convertirían en realidad si les tocara el Gordo. Y a los menos imaginativos les escucharemos una vez más aquello de “tapar agujeros”.
Muchos de nosotros nos lanzaremos esta semana a la compra compulsiva de todo aquello que habíamos previsto comprar y, también, tenemos que admitirlo, de lo que no teníamos en mente, pero se ajusta a nuestro bolsillo. O, al menos, eso creemos.
Como ya es tradicional, el fin de semana del 1 de noviembre llenará calles y locales de todas las ciudades de muertos vivientes, monstruos, vampiros y brujas en busca de diversión. Aunque se mantiene la tradición española relacionada con los difuntos, estas fechas han pasado a estar copadas por la tradición anglosajona, exportada directamente de EE.UU, y más vinculada al ocio y la diversión, que al hecho religioso.
¿Hacía falta una ley para regular la actividad de los influencers? ¿Supone un ataque a la libertad de expresión? ¿O un esfuerzo por potenciar la transparencia? ¿Ayudará a los consumidores que navegan por las redes? ¿O es una manera de censurar de manera encubierta?
Bajo el lema “Infórmate. Planifica. Decide”, se celebra el día 6 de octubre el Día de la Educación Financiera 2025, centrado en la promoción de las ventajas de la planificación financiera. Según comentan sus propios organizadores, el lema elegido este año busca resaltar la importancia de formarse e informarse adecuadamente para “tomar las decisiones financieras más acertadas en todas las etapas de la vida y construir así un futuro económico estable y seguro”.